viernes, 23 de enero de 2009

Los buscadores de la eterna juventud

La mayoría de seres humanos anhelan una juventud y una salud eternas. Aunque la misma inmortalidad está fuera de todo alcance, muchos aceptarían con satisfacción un objetivo más próximo, pero menos elusivo: vivir algunas décadas o siglos más que la duración habitual de la vida de los humanos.
Con la esperanza de prolongar sus propias vidas, los alquimistas medievales destilaron elixires de la inmortalidad, pociones que supuestamente consiguieron que algunos sobrevivieran durante cientos de años. Algunos adeptos chinos del mismo período confiaron en parte en alimentos mágicos, como los melocotones. Acaudalados buscadores de una mayor longevidad de todas las épocas han pretendido posponer la vejez mediante variados tratamientos cuasi-médicos, incluyendo la transfusión de sangre joven, con resultados desalentadores.
Algunos científicos han impulsado nuevas e igualmente diversas propuestas para obtener décadas de vida activa suplementarias. Algunos gerontólogos, por ejemplo, argumentan que las temperaturas corporales más bajas y un aporte reducido de alimentos podrían algún día extender la vida del hombre hasta 140, o incluso 200 años. Algunos informáticos visionarios han propuesto una especie de vida eterna mecanizada, en la que las mentes humanas serían transferidas, intactas, a una memoria computerizada permanente. Mientras tanto, en los márgenes de la comunidad científica, otros están consiguiendo una inmortalidad real. Los partidarios de la llamada suspensión criónica ya han conservado cuerpos humanos a -195ºC, con la esperanza de que sus "pacientes" helados puedan ser reanimados dentro de algunos siglos. Para entonces, creen, la tecnología médica puede haber pospuesto de forma indefinida la muerte de los seres humanos.

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