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jueves, 7 de febrero de 2013

Los procesos ocultos de la mente

A inicios del pasado siglo XX, Eusapia Palladino, hija de campesinos pobres de los Abruzzos, una región de la Italia central, que no sabía escribir ni leer y que en opinión de los médicos padecía de histeria, suscitó el interés y la fantasía de sus contemporáneos a causa de sus capacidades sobrenaturales y extrasensoriales. Eusapia hacia levantarse las mesas del suelo y sonar los instrumentos de música situados bajo una jaula de alambres, podía transformar el peso de su cuerpo con asombrosa rapidez y hacia visibles las manos de los espíritus. Uno de sus más queridos experimentos, llevado a cabo incluso bajo una buena iluminación, era el de hacer oscilar el platillo de un pesacartas aparentemente sin tocarlo. Para ello movía las manos junto al peso, hacia arriba y abajo. Un trazo apenas perceptible que aparecía entre sus manos en estas ocasiones era interpretado por sus admiradores como “corriente de energía psíquica”.
Desde tiempos remotos, en todos los pueblos y en todas las fases del desarrollo, existen historias sobre sucesos y experiencias que no se pueden comprender con la lógica y que no se pueden percibir con los sentidos conocidos. Se les llama procesos ocultos, lo que significa tanto como misteriosos.
La ciencia se ocupa de los fenómenos ocultos desde hace casi dos siglos, aunque son muy pocos los investigadores que se ocupan de la parapsicología. Su campo de investigación se divide en dos grupos principales. Al primer grupo pertenece la telepatía, llamada también transmisión o lectura de pensamiento, la adivinación, en el sentido de percepción extrasensorial de una cuestión no conocida aún por nadie, y la profecía. En el segundo grupo se encuentran los movimientos a distancia (telekinesis), como por ejemplo el hacer girar una mesa, las materializaciones de supuestos seres espirituales y los fenómenos de aparición de duendes y fantasmas. Los fenómenos de este segundo grupo son un lugar abonado para los farsantes y los charlatanes.
De todas formas, las cosas parecen ser diferentes en lo que se refiere a la lectura del pensamiento y a la adivinación. Los experimentos realizados por el profesor norteamericano Rhine con un juego de cartas ha demostrado que en el caso de una de cada cinco personas investigadas el número de citas correctas de las cartas ocultas sobrepasa considerablemente las previsiones estadísticas de casualidad. Así pues, no se debe descartar la posibilidad de que numerosas personas posean capacidades paranormales. Sin embargo, estas capacidades no encuentran expresión en puntos de vista claros, determinados y conscientes. La persona de dotes paranormales no puede “sintonizar” nítidamente el objeto, sino que tiene que aceptar lo que se le representa, generalmente en forma de imágenes difusas, y tampoco puede enjuiciar con toda seguridad si no se trata de pura fantasía. Esto lo demostraron también las investigaciones cualitativas dirigidas en Europa por los profesores Tenhaeff de Utrecht, y Bender de Freiburg de Breisgau. El adivino holandés Gerard Croiset se puso a su disposición para llevar a cabo los experimentos. Se le encomendó la tarea de describir y caracterizar personas que posteriormente tomarían parte en una reunión (a menudo ni ellas mismas sabían que iban a asistir) y que se sentarían en un determinado lugar. Los datos de Croiset demostraron ser correctos en más de un ochenta por ciento de los casos. Sin embargo, en situaciones de “emergencia” no alcanzó, ni mucho menos, este resultado.
¿Cómo se pueden explicar los fenómenos paranormales? ¿Están basados en corrientes eléctricas cerebrales o en ondas todavía desconocidas por nosotros? ¿Se pueden ordenar dentro de las leyes de la Naturaleza conocidas y del universo de la Física? Lo que sabemos con seguridad es que las fuerzas paranormales aparecen preferentemente en estado de conciencia disminuida, o de gran excitación, en el sueño o cuando se está semidormido o cansado, durante los delirios febriles o cuando se siente un gran miedo por los allegados más próximos, por ejemplo. Cuando deja de actuar la conciencia y el entendimiento critico, otras partes del cerebro, mucho más profundas y antiguas, se hacen cargo de la dirección; se trata de capas que no sólo poseemos en común con nuestros antepasados, los monos, sino también con todos los animales inferiores. Normalmente no somos conscientes de su efectividad. Los animales se sirven exclusivamente de estas capas -a las que se llama cerebro primigenio- para orientarse en su medio ambiente. Gracias a ellas obtienen resultados asombrosos, ya se trate de “presentir” o “intuir” los peligros, o de la formación de comunidades casi jerárquicas, para cuya organización se comunican entre ellos de forma aparentemente “telepática”. ¿No sería posible que esta clase de capacidades se hubiera conservado también en parte entre algunos ejemplares de nuestra especie y que pueda actuar atravesando las barreras de la conciencia? Todavía no lo sabemos. Pero se conoce que existe el fenómeno de la telepatía, de la lectura de pensamientos, aunque todavía esperamos una explicación e interpretación definitiva. Y también sabemos que existen personas “dotadas” de poderes telepáticos superiores a lo normal.
La hipnosis es uno de los fenómenos que todavía se consideraban como ocultos hasta no hace mucho y que en la actualidad se ha convertido en algo común en la medicina y en la psicoterapia. Un hombre, sentado cómodamente en un sillón, come con evidente satisfacción una patata cruda de la que se ha dicho que es una manzana. Se coloca una moneda sobre la palma de su mano y se le dice que se ha quemado. Inmediatamente aparece una pequeña vejiga característica del quemado y de formas perfectas. ¿Qué ha ocurrido?
“Mira sin ver”, decimos de una persona cuya mirada se dirige ausente hacia la lejanía y que parece haber perdido el hilo de sus pensamientos. No percibe lo que le rodea, ni parece escuchar nada cuando se le pregunta. Pero, después de algunos minutos, dice de pronto: “¿Me habías preguntado algo antes?”. Su ausencia anímica solamente significa un estrechamiento de su atención, una concentración de esta sobre un punto, un pensamiento determinado. Algo similar ocurre en la hipnosis, llamada a menudo “sueño parcial” o activación artificial del inconsciente. El sujeto es “dormido” por medio de una combinación de sugestiones de palabras y de pequeñas ayudas físicas. Con ello se eliminan ampliamente las funciones de control y de voluntad del hipnotizado; sólo existe un contacto con el hipnotizador que con sus órdenes, se supone, llega a las más antiguas capas cerebrales, que reaccionan sin crítica, casi como un movimiento reflejo.
De todos modos, las posibilidades de la hipnosis no dejan de tener sus limitaciones. Es imposible hacer que una persona normal cometa un delito estando hipnotizada, como también lo es hipnotizar a otra persona en contra de su voluntad y en estado consciente.

viernes, 12 de septiembre de 2008

La fisiognomía

El antiguo arte de la fisiognomía, la adivinación del carácter y el destino mediante el análisis del rostro, ha vivido momentos de gran popularidad a lo largo de la historia y en todas las zonas del planeta, pero en ningún lugar ha tenido un nivel de aceptación e importancia tan elevado como el que ha obtenido en el país de China.
Mientras que la fisiognomía moderna es esencialmente una práctica tradicional, los chinos la han estudiado y la han depurado tanto y durante tanto tiempo (siglos), que se la considera incluso una ciencia auxiliar de la medicina.
Los chinos creen que las claves del estado emocional y físico de la persona se pueden leer en la forma y colocación de los rasgos faciales, así como en la textura y coloración de la piel. Además, los fisiognomistas afirman que la estructura facial revela rasgos de la personalidad y señala acontecimientos pasados y los que aún han de presentarse en la vida del individuo.
Los practicantes chinos estudian exhaustivamente textos antiguos sobre el tema, incluidos algunos fragmentos del I Ching y muchos de ellos ejercen de aprendices al lado de fisiognomistas más mayores y expertos. Aprenden a interpretar cada signo facial según unas reglas prescritas. Primero, los fisiognomistas observan la estructura básica del rostro, luego estudian los rasgos en base a su equilibrio y proporción. La forma o el tamaño de los rasgos no es lo que importa, es la unidad en el rostro lo que indica el equilibrio. Y una cara equilibrada sugiere un fuerte carácter y un futuro prometedor.
A partir de estas observaciones iniciales, los fisiognomistas examinan el rostro en profundidad. La fisiognomía se basa en un complejo sistema de más de cien "posiciones" o áreas faciales, y se cree que cada una de ellas revela un aspecto determinado de la personalidad o del destino.

La fisiognomíaPrimero, las posiciones se examinan de manera independiente, y luego relacionadas unas con otras. Durante una lectura, el fisiognomista se guía por el cuadro de la izquierda que indica con un número cada posición en el rostro.
Las posiciones fisiognómicas más importantes son las que se hallan en el centro del rostro y las relativas a los ojos, las cejas, la nariz y las orejas. La zona comprendida entre las cejas, por ejemplo, indica la capacidad del individuo para obtener una posición social destacada. Si la separación entre las cejas es grande el individuo tendrá gran vitalidad y poder intelectual. Lo mismo denota una prominencia elevada y carnosa en esa zona, cruzada por profundas líneas verticales.
Las imperfecciones o desfiguraciones en esta zona concreta del rostro sugieren que la persona no tiene capacidad para lograr sus objetivos.
El fisiognomista recaba información de las distintas posiciones faciales, una por una, sopesando y relacionando los resultados de cada una de ellas antes de llegar a las conclusiones finales y definitivas.
La formología de la cabeza vista por detrás es un complemento de suma importancia para determinar el carácter de un individuo: cabeza semicircular, cuadrada, puntiaguda. Su perfil: convexo, cóncavo,... Las cejas: tupidas, finas, con gran separación, muy juntas, rectas,... Los ojos: ovalados, sesgados, redondos, párpados caídos,... La nariz: grande, fina, larga,... La boca: pequeña o grande, labios finos o gruesos,... El mentón: puntiagudo, partido,...
Si bien la fisiognomía está lejos de ser una ciencia exacta, la práctica ha sobrevivido al paso del tiempo en la cultura china, y los diagnósticos de los fisiognomistas son aceptados con auténtico respeto en este país oriental.

Curiosidades