Considerada la ruta más peligrosa del planeta, se trata de una carretera hecha sobre lagos helados en un ochenta y cinco por ciento de su extensión, con una anchura equivalente a la que tendría una autopista de ocho carriles, producto del arduo trabajo de gigantescas máquinas quitanieves, y que se encuentra localizada entre Tibbitt y Contwoyto (Canadá), facilitando el acceso a dos de las minas más grandes del mundo: Ekati y Diavik, descubiertas en 1991, y con unas previsiones de producción de más de 170 millones de quilates de diamantes en menos de dos décadas. (Para un funcionamiento normal, las minas necesitan trescientas mil toneladas de combustible, explosivos, acero y hormigón cada año.)
Solo transitable en los meses más duros del invierno, cuando las islas que albergan las minas quedan temporalmente conectadas con tierra, anualmente los camiones realizan una media de cinco mil viajes por esta carretera helada de más de quinientos kilómetros cargados con un peso que puede llegar a alcanzar las setenta toneladas. (Finalizada la temporada y llegado el verano, todo alrededor de la mina volverá a ser agua, quedando ésta convertida en una isla perdida en mitad de la nada hasta el invierno siguiente en que de nuevo empezarán a trabajar en la construcción de esta increíble carretera en la que hasta cuando hay sol parece que el mismo esté helado.)
En los últimos años el grosor del hielo ha disminuido tanto producto del calentamiento global, que son ya varios los conductores que han fallecido en el hundimiento de sus vehículos. Y es que la carretera supone un auténtico desafío tanto desde el punto de vista de la ingeniería como del de la conducción. Los camioneros que transitan por ella son consagrados profesionales del volante que se juegan la vida en cada trayecto, siendo conscientes de que en caso de toparse con una grieta en su camino, sólo dispondrán de unos pocos segundos para abandonar el vehículo antes de ser engullidos por las heladas aguas y morir.



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