lunes, 28 de abril de 2008

Adolf Hitler las volvía loquitas

Adolf Hitler era todo un sex simbol que tenía hipnotizadas a las alemanas de su época, y no sólo con su discurso fascista, sino también en el plano más terrenal y lascivo.
El soldado William C. Enker encontró en el despacho del dictador al término de la contienda bélica las misivas que ahora han salido a la luz, con contenidos de lo más variado.
Las cartas que recibía el Fuhrer de sus admiradoras eran supervisadas por varios funcionarios que decidían si éstas debíaan ser leidas o no por el líder alemán. En ocasiones sólo se trataban de proposiciones inocentes como cortarle el pelo. En otras cartas, sin embargo, llegaban a ser más explícitas escribiendo cosas del tipo “Quiero abrir mi frente para que usted pase y sienta cuánto le quiero”.
No hay duda de que las alemanas se sentían hipnotizadas por Adolf Hitler y el nacionalsocalismo, pero él siempre afirmó que “su gran novia era alemania”.
Por cierto, no siempre terminaban bien sus admiradoras. Si el contenido de las cartas se consideraba excesivo se las sometía a vigilancia o, incluso, se las internaba en un manicomio por considerarlas taradas inútiles a los fines del III Reich. Y es que el amor en tiempos de guerra nunca fue algo aconsejable.

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