jueves, 10 de julio de 2008

Horror vacui

El desmoronamiento de muchos de los mitos aristotélicos -hecho acaecido de manera vertiginosa en la primera mitad del siglo XVII, provocado en importante medida por los descubrimientos e invenciones de Galileo Galilei- derivó fundamentalmente de tareas de experimentación pura. Una de ellas, y quizás la segunda en importancia después de la observación hacia el macro y el microcosmos, fue la "conquista del vacío".
El dogma del "horror vacui", horror que la naturaleza experimentaba frente a los espacios vacíos, y que la motivaban para coparlos de inmediato, explicaba incluso para los científicos de la época fenómenos que más tarde descubrirían eran derivados simplemente de la presión atmosférica.
Aristóteles había intentado sin éxito alguno verificar si el aire tenía peso. Galileo no pudo explicar satisfactoriamente por qué una columna de agua no podía subir en determinadas circunstancias de una altura exacta, y sería precisamente un discípulo suyo, Evangelista Torricelli, quien encontraría respuesta al problema que atormentó al maestro.
Nacido el 15 de octubre de 1608 en Modigliana, cerca de Faenza, Torricelli se abocó al estudio del citado "horror vacui" con la misma intensidad con que había abordado otros problemas físicos y matemáticos, campos en los que era una autoridad en aquella época.
El físico italiano partió de la interrogante que le planteaba la imposibilidad de hacer subir una columna de agua en el tubo de una bomba aspirante a una altura superior a determinado número de metros (10 metros y 30 centímetros ó 18 varas italianas en esos tiempos).
Torricelli sustituyó el agua por mercurio, elemento de mayor peso, demostrando que la "presión del aire" ejercida en la cubeta equilibraba el peso de la columna líquida en el interior del tubo.
Las variaciones de esa "presión" o "peso atmosférico" se podrían medir entonces según las diversas alturas que alcanzara la columna de mercurio: el barómetro había sido inventado.
Sin embargo, el gran mundo científico de la época se negó en su mayoría a aceptar la teoría de Torricelli, verificada por el instrumento que él mismo había construido, insistiendo en contraposición en los gastados principios aristotélicos o argumentando aún que por sobre la columna de mercurio debía operar una "materia sutil", pero no el vacío.
Sería el físico jansenista, Blaise Pascal quien proseguiría las investigaciones en torno a la comprobación de Torricelli y quien llevaría a cabo, junto con el magistrado Florin Périer, la famosa experiencia de "Puy de Dóme", practicada en el volcán del mismo nombre, a 1.465 metros de altura, y que además de confirmar plenamente la existencia del vacío, indicaba la forma de obtenerlo.
Pero la utilización del "espacio vacío" o "camarilla vacía" no quedó reservada al barómetro de Torricelli ni a los instrumentos de sus seguidores; otro conquistador del vacío, el físico Gabriel Daniel Fahrenheit, oriundo de Danzig, construiría en base al mismo principio un aparato de incuestionable utilidad: el termómetro. Fahrenheit daría al instrumento sus dos formas primitivas: de alcohol, en 1709, y de mercurio, en 1715. Sin embargo, sin prescindir del mérito de Fahrenheit y antes de referirse a su invento, los historiadores no obvian una referencia al hecho de que Galileo Galilei a finales del siglo XVI construyó un rudimentario aparato, llamado "termoscopio", y destinado a investigar los efectos del frío y el calor sobre el agua, elemento que puede considerarse básico de la invención de Fahrenheit.
Fahrenheit no fue tampoco el propietario exclusivo de la idea original. Antes de su invención, él mismo era un fabricante de los primitivos termómetros de la época, instrumentos todos que adolecían de un problema común: carecían de una escala de graduaciones.
El primero en preocuparse por graduar una escala fue el físico francés Honoré Fabri, que fracasó en el intento. Posteriormente, en 1688, otro francés, Dalenée, sugiere como puntos exactos para ambos extremos los de ebullición del agua y fusión del hielo, sugerencia a la que el italiano Carlo Renaldini aportó otra idea: que el espacio entre ambos puntos se dividiera en 12 zonas o partes iguales.
En 1724, el mismo Fahrenheit completará su propio invento con una escala de aceptación universal, partiendo de 0°, tomada como temperatura de una mezcla frigorífica y llegando a 24°, temperatura del cuerpo humano, cuadruplicando después estas cifras, quedando 32 para fusión de hielo, 212 para ebullición del agua, y 96° para la cifra 24. Siete años más tarde el francés Réaumur proponía la escala de 0 a 80 grados, mientras el sueco Andrés Celsius, catedrático de la
Universidad de Upsala, y el suizo Jacques Barthélemy Michael de Crest, proponían la de 0 a 100, llamada "escala Celsius", que, invertida por Linneo, es aceptada también mundialmente.

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